Mi imaginación infantil

Publicado el Por admin
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Cuando leemos la palabra «Amor» en alguna red social. Inmediatamente pensamos que se refiere al amor de pareja.

Curiosamente, actuamos de esa manera. Y de alguna forma extraña predisponemos que así es.

A veces pienso que es parte de nuestra necesidad y búsqueda de esa persona perfecta en nosotros, que inconscientemente lo relacionamos con todo.

Y más aun cuando tenemos a esa persona «especial» a nuestro lado.

Pero el amor abarca muchas facetas, amigos, hijos, padres, familiares y todas aquellas personas que llegaron a nuestra vida para cambiarla, para ayudarnos o simplemente para permitirnos brindarles una sonrisa.

Ese amor también lo derramo en mis seres queridos, recuerdo que de pequeños ellos miraban el televisor y veían a los Teletubbies con sus botargas de colores llamativos. Yo tenia que estar con ellos, soportando la tortura de su show televisivo, y con el pasar del tiempo, tengo que reconocer que también llegue a disfrutarlos.

El amor te hace hacer muchas cosas que no imaginabas que fueran parte de tu diario de vida.

¿Yo mirando teletubbies? Era algo impensable para mi ser, pero ahí me tenias sosteniendo el tazón de palomitas, mientras los pequeños se deleitaban con ellos.

El amor es universal, y veo que muchos también lo aplican en su trabajo.

Alguna vez de manera casual vi a un policía herido. El arriesgo su vida por tratar de impedir un asalto a un comercio. Terminó herido de un navajazo en el brazo y aún recuerdo que su rostro reflejaba el rictus de dolor por la profunda herida. Afortunadamente los servicios de emergencia llegaron a tiempo y lograron controlar su dolor y su herida. Es cuando me di cuenta que quien ama su trabajo lo realiza con compromiso y cumple su función al 100% sin pensamientos que detengan un proceder.

Mi mente esta llena de recuerdos, y ahora al escribir estas línea, me transporta al pasado. Si ese pasado en donde era niño y me diviertia en mi soledad.

Siempre he sido solitario, niño de pocos amigos y con una timidez tan grande que me impedía relacionarme con los demás.

Pero aun así, yo mismo tenia mi mundo. Ese mundo donde mi imaginación me llevaba a esos mundos inexplorados y fascinantes que solo mi mente podría crear.

Recuerdo que leía sobre mitología y fantasía…. 

Alguna vez me imagine como un guerrero mitológico con ese afán y deseo de salvar a la humanidad.

Montado en mi unicornio negro. Mi armadura relucía por su brillo y el contraste con el pelaje de mi  unicornio con el mote de Silver, haciendo referencia al caballo del Llanero Solitario..

Recuerdo aquella vez cuando luche con ese dragón de mil cabezas y que para matarlo tenía que encontrar el arma que estaba al final del arcoíris.

Entonces para enfrentarme a él, tenía primero que recorrer el peligroso camino que me conducía al final del arcoíris.

Así que inicie mi viaje.

Tome mi armadura, me enfunde en ella, me acomode el yelmo y tome mi espada «Silver» pastaba en los campos.  Se alimentaba para tener fuerzas para el viaje.  Le llame y se acerco, saque de mi bolsillo unos terrones de azúcar y se los ofreci, no dudo en comerlos y me lamió la mano y levanto su cabeza y me miro.

Y me ofreció esa mirada que decía sin hablar «Estoy contigo, si la muerte es nuestro destino, moriré contigo, eres mi amigo, me has cuidado y me has dado «Amor» estamos juntos en esto,  triunfamos en nuestra odisea o nos hundimos en el más terrible infierno».

Con esa motivación comenzamos la búsqueda del arma perfecta.

La ruta al arcoíris no era larga, así que comenzamos.

Volamos por bosques, cruzamos mares, lagunas y ríos. 

Llegamos a una montaña. Se dice que es la montaña de la meditación, que ahí puedes encontrar paz pero a la vez también puedes enfrentarte a tus peores demonios.

Ahí no podía volar Silver, el poder de la montaña anulaba su capacidad de vuelo.

Así que seguíamos avanzando de una manera mas que terrenal.

El silencio era tal que se escuchaba hasta nuestra respiración.

La noche envolvía nuestro trayecto. Así que sacamos nuestra lámpara de luces led, obviamente con pilas duracel.

Las sombras de la noche eran tan claras, que mis más terribles pesadillas se convertían en siluetas. Mi corazón latía tan fuerte que podría salirse de mi cuerpo. Afortunadamente el acero de mi armadura, no le permitía salirse de su lugar.

Llegamos a un claro. Nos dispusimos a acampar. Encendimos un fuego con algunas ramas que encontramos a la cercanía.

Y Silver se dedicó a comer la hierba fresca que crecía entre las rocas.

Yo puse a calentar agua de mi cantimplora. Tenía unas hierbas secas con las cuales podría hacerme un tipo de té y el las alforjas que colgaban de Silver tenía «Pan», esa sería mi cena.

Me dispuse a alimentarme y después ir a dormir al calor de la fogata.

Tarde un poco en lograrlo, pues mi mente estaba emocionada y tensa por encontrar esa arma que derrotaría al dragón y así salvar y darle una oportunidad más a la humanidad.

Extrañamente no iba al rescate de la princesa del castillo, de la dama en peligro.

No, no, era ese tipo de amor el que me movía.

Era el amor a mis semejantes el que me motivaba a tomar esa odisea y cumplirla de manera positiva.

dormí.

Al día siguiente despertamos.

Silver estaba listo.

Solo apague los restos de la fogata y continuamos con el camino.

A unos cuantos kilómetros se divisaba el arcoíris.

Llegamos y empezamos a recorrer su sendero.

Tenemos que llegar al final. Encontrar el arma y derrotar al dragón.

Llegamos al final sin contratiempos.

Y vaya mira que sorpresa.

Nos encontramos alduende con su mítica olla llena de oro. 

Su primera reacción fue de mostrarnos agresividad y aferrarse a su olla me retaba con la mirada y con un gruñido que salió de su garganta.

Le dije, no tengas miedo, no vengo por tu posesión más preciada.

Inmediatamente se relajó, y empezó a confiar en mí.

Le comenté que buscaba el arma poderosa que derrota dragones.

Y me dijo ve por ese sendero y la encontrarás. Al tiempo que me señalaba un camino algo oculto.

Y me pregunta. ¿Vale tanto la humanidad para que pongas tu vida de por medio? 

Le dije lo vale ´pues yo soy parte de la humanidad. Y eso me basta para vivir esta cruzada.

Sonrió y se esfumó entre los árboles.

Deje a Silver, el camino era muy estrecho para ambos.

Así que saque de su funda mi espada y camine cautelosamente, las ramas de los arboles hacían lento mi andar.

Pero no claudique.

Al final estaba una cabaña.

Me acerqué y miré a su alrededor esperando alguna señal de vida.

No hay nadie.

Me acerco y toco a la puerta.

Me abre un anciano.

Al mirarlo me hace recordar al Dios de todas las religiones.

¿Qué buscas aquí? me pregunta.

Le dije que buscaba el arma poderosa Matadragones.

Sonrió y me dijo. Es tuya.

Le dije Muéstreme de donde tomarla. Y me iré el tiempo para la humanidad se esta terminando.

Me dice: Esta dentro de esa armadura.

Es tu corazón. El amor que sientes por los demás, con ello y tu espada es más que suficiente para derrotar al dragón.

¿Entonces para qué venir hasta aquí, solo para saber eso?

Me dijo: Tenías que recorrer el camino para abrir tu mente, ahora ve y enfrenta a ese monstruo.

Corrí sin cesar y rápidamente encontré a Silver. 

Cabalgamos por los senderos, por los caminos, y en cuanto recobro su habilidad de volar.

¡Volamos!

Llego el momento.

El dragón estaba frente a nosotros.

Su boca escupía fuego.

Deje a Silver, no quería que corriera peligro, pero el cómo fiel escudero estaba a mi lado.

La hora de la verdad nos ha alcanzado.

Tome mi espada, y sostenía mi escudo.

El dragón sonreía con burla. Otro más, queriendo salvar a la humanidad

Y le respondí: Si, y lo lograré.

Me lanzo un golpe con su cola. Y me derribo.

Silver voló para distraerlo y que yo pudiera reponer mi posición de defensa-Ataque.

El dragón estaba distraído lanzado fuego a Silver. Y me lancé con mi espada en lo alto.

En ese momento.

Volteo el dragón y con unas cabezas mirándome, y otras escupiendo fuego a silver.

Me lanzo una cortina de fuego.

Mi escudo pudo protegerme gran parte de mi cuerpo, pero mi armadura en sus orillas se torno de un rojo intenso.

Mi cuerpo inmediatamente se llenó de ampollas en los hombros y en las piernas.

continúe avanzando con mi escudo protegiéndome de las llamas.

Llegue a escasos metros y con una de su garra, hizo trizas mi escudo.

Me encontraba frente a él y sin más protección que el acero de mi armadura.

Tome con las dos manos mi espada, lance mi mejor golpe y el dragón me esquivó y con la otra garra perforó mi armadura.

Por sus fisuras empezó a brotar ese líquido rojo que me permite vivir.

Las heridas fueron tan cerca de mi corazón que por milímetros me libre de una muerte instantánea.

Trastabille y por un milisegundo mi mirada y pensamientos se hundieron en una terrible obscuridad. 

Pero no podía rendirme.

No puedo, no debo y no quiero.

Volví a enforcar mi mirada.

Encontré su debilidad, la piel que rodea su corazón es tan delgada y frágil.

Ahí asentaré mi golpe final.

Puse todos mis sentidos. Y me lance con el alma por delante.

Mi espada se hundió y su sangre verde broto como manantial.

El dragón está muriendo.

Yo caigo a su lado desfallecido.

Irónicamente estamos juntos y su sangre se mezcla con la mía.

Y así juntos, exhalamos nuestro último aliento.

Hemos muerto al mismo tiempo…

Y ahí mi imaginación infantil termina.

Hoy derrote al dragón de mil cabezas.

Mañana. di mañana, salvaré a la princesa del castillo.

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Escritor

Gerardo Zamora Flores

Un solitario que escribe desde su imaginación!

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